Tango con historia

Así nació María de Buenos Aires

“Hace una semana exactamente, el astrólogo Horangel me ha dicho que alguien golpearía la puerta de mi casa y que ese alguien habría de cambiar mi vida. ¿Qué tal, si de una vez por todas, vos y yo nos ponemos a escribir?”, le dijo Astor Piazzolla a Horacio Ferrer, en la puerta del departamento que el músico habitaba en avenida del Libertador.
Ferrer, quien por aquel entonces escribía para el diario El País (Montevideo) con el seudónimo de Fray Milonga, se despidió del genio que cambió el destino del tango, compró un papel Camson en una librería y fue a su habitación de hotel para diagramar la primera ópera que dio la música popular ciudadana. Precisamente, la obra estuvo terminada en 54 días.
Horacio Ferrer puso cada una de las partes del texto a consideración de sus amigos más cercanos, con los que se reunía los días lunes, alrededor de una mesa de café que llamaban la “Rueda de los Lunes” o “Lunera”; para “endulzar el día más amargo de la semana”. Entre aquellos amigos se encontraban Jorge Seijo, Mario Arroyo, Agustín Carlevaro y Henry Jasa. “Por ser tan bueno amigos, fueron los críticos más severos deseando, de alma, que uno se luciera ante el maestro”. Y el “maestro” llegó un día de sorpresa a la casa de Ferrer, en Montevideo. Piazzolla se incorporó a la “Lunera” y escuchó la lectura de esa obra, que aún no tenía un título. Cuando la madrugada del martes mostraba su silueta, Ferrer y Piazzolla salieron del bar rumbo al departamento del autor de la Balada para un Loco y juntos comenzaron a componer la partitura. “De esa noche inolvidable -recordará Ferrer- nació el Tema de María y una milonga bellísima que ya traía compuesta y que iba a ser la Milonga de la Anunciación”.

María de Buenos Aires se estrenó el 8 de mayo de 1968. El estreno fue un suceso, que provocó apasionadas reacciones tanto a favor como en contra. Los roles principales fueron interpretados por el cantor Héctor De Rosas, la cantante Amelita Baltar y el mismo Horario Ferrer.
“Quien tenga ganas de admitir que el tango no es sólo una combinación de compases, sino una mezcla de símbolos y carácter, puede oír María de Buenos Aires, un oratorio al que Astor Piazzolla y Horacio Ferrer llamaron pudorosamente operita. Músico y poeta van a fondo en su propósito de identificar y exaltar una forma de sentir la ciudad”, expresaba el diario La Razón en su comentario sobre el estreno.

Nota de la web cultura.cba

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