Notas Sueltas

La Babel del tango

Músicos extranjeros llegan desde los países más remotos atraídos por el género. Muchos se quedan a vivir y son figuras relevantes de la escena porteña.

 

17.02.2014 - Por Andrés Casak

Las vacaciones en Buenos Aires en 2006 me cambiaron la vida”. Como si fuera un testimonio tomado de un folleto turístico, el contrabajista nacido en Potenza, Luigi Coviello, relata su encuentro con el tango con un invencible acento italiano: “Me formé en el jazz, pero una noche fui a ver al Cuarteto Típico Catenacho, después estuve en una milonga donde tocaba Ciudad Baigón, y quedé fascinado con el tango: empecé a escuchar, a investigar, a estudiar”. Hoy Coviello dirige la Orquesta Típica Andariega, uno de los tantos conjuntos que tiene extranjeros en sus filas, pero que en un momento parecía destinado a ser la auténtica torre de babel del tango: sobre 9 integrantes de la típica, 5 tenían pasaporte de otros países.

Historias como la de Luigi se repiten frecuencia. Las razones son bien variadas: ya sea por una beca en la cátedra de tango del Conservatorio de Rotterdam para estudiar en el país, por seguir los pasos de una pareja argentina, por el impacto de la música de Piazzolla o por espíritu aventurero, cada vez más músicos vienen a estudiar tango, se quedan y se integran a la escena actual. En otra vuelta de tuerca en su peregrinar por el mundo, ahora se da un fenómeno inesperado, pero lógico a la vez: en su cuna, el tango también es una música sin fronteras.

Desde la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, programa en el que los músicos aprenden los diferentes estilos de la mano de los maestros tras una selección de aspirantes, explican que en la última camada entraron 7 instrumentistas provenientes de otros países sobre un total de 21 elegidos, una cifra que supera el 20% de extranjeros que suele quedar seleccionado. La coordinadora de la iniciativa pedagógica, Ana Di Toro, destaca que los japoneses son los más numerosos a la hora de presentarse en los concursos, luego siguen los europeos y los norteamericanos, y finalmente los latinoamericanos.

Para el pianista Julián Peralta, que está al frente de la Escuela Orlando Goñi, en la que se desarrollan ensambles y prácticas de tango, el motivo es muy nítido: “Es como estudiar animé. ¿A qué país vas a ir? A Japón. Pasa eso mismo con los que quieren dedicarse al tango: Argentina es el destino elegido”. La institución funciona desde 2005 y cada año se suman 25 músicos, de los cuales el 20% son ejecutantes provenientes de Europa –principalmente franceses– y en un grado menor de América. “Te encontrás con las historias más increíbles: profesionales que dejaron todo por el tango; músicos que se radicaron buscando un destino; trotamundos que juntaron unos pesos para cumplir el sueño sudamericano. No todos se quedan, pero los que lo hacen se convierten en más argentinos que los argentinos”.

Dentro del último grupo, el caso de la violinista belga Eva Wolff es paradigmático: llegó al país a los 24 años becada por el Conservatorio de Rotterdam pensando en una breve estadía, pero ya lleva 11 años de residencia: formó familia, tocó con muchos grupos y en casas de tango. Es imposible advertir en su entonación algún rastro de su origen. Según repasa, su primera sorpresa aquí fue encontrar un término que es toda una institución en el tango: ir de cambio, que implica reemplazar un músico en alguna presentación. “En Bélgica tocan siempre los mismos. Acá tenés que tocar con diferentes grupos, nunca sabés quien te va a llamar, tenés que reinventarte todo el tiempo, es una montaña rusa”, detalla.

Algo similar opina la cellista serbia Karmen Rencar, que arribó hace dos años y que alterna trabajos entre el tango y la música clásica. “Allá hay una estructura que te contiene, pero que puede ser muy aburrida: estás años ensayando y una vez que empezás a actuar en público ya sabés cuál es el camino que sigue. No hay correlato con lo que pasa en la Argentina”. A pesar de su corta estadía, toca en varios grupos: la Orquesta de Cuerdas Elvino Vardaro, la Orquesta Típica Almagro, y los conjuntos Rascasuelos y Rascacielos.
Pero su caso no es la excepción: en buena medida, las diferentes corrientes que hoy componen el tango comparten el hecho de tener a músicos de otras nacionalidades en sus filas. Una mínima lista incluye a la Fernández Fierro, Astillero, Sans Souci, Sexteto Respiro, la Orquesta de Agustín Guerrero, el Cuarteto Lupanar, Vale Tango, la típica de Leopoldo Federico. Algunos conjuntos tienen más de un integrante, como la orquesta de Juan Pablo Navarro, la Orquesta Victoria, la Orquesta Andariega, el Quinteto Clandestino. Y así. El alto nivel de formación de sus ejecutantes y la rica tradición europea en los instrumentos de cuerdas son clave para entender esta integración natural.

Una anécdota grafica hasta qué punto la escena del tango está mutando: hace poco, una casa de tango rechazó tomar a un bandoneonista japonés aduciendo que los turistas esperan encontrar a “nativos haciendo música nativa”. La francesa Aude “Do Dó” Bresson, que llegó por su trabajo para la Unesco, pero que cambió de profesión y de residencia cuando descubrió el bandoneón, opina que aprender su técnica aquí fue fundamental. “Es como el jazz: tiene el swing que nace de los lugares donde se hace la música”, asegura. Tal vez este fenómeno no sea más que un continuum con más de un siglo de historia. A fin de cuentas, el tango nació como una mixtura de músicas y con el aporte fundamental de los inmigrantes y de sus hijos.

Nota de : http://www.clarin.com 

 

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