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El bazar de los abrazos

Libro: El bazar de los abrazos, de la Dra. Sonia Abadi - Bs.As., Lumiére, 2001, 146 págs.

La doctora Sonia Abadi, médica psicoanalista, publica su columna "La vida es una milonga" en la revista mensual "El tangauta". El libro  muestran diversos aspectos del baile del tango, actualmente de moda en muchas ciudades del país y del extranjero. Con un enfoque de observador-participante, en forma de glosa y con títulos tomados de frases de tangos famosos, describe en veinticinco capítulos aspectos del baile, analiza la conducta de sus protagonistas, y se refiere a las modalidades, recursos y actitudes que se observan en ese ambiente, presentados en forma de anécdotas, apuntes y pinceladas descriptivas. El libro contiene además un prólogo de Ricardo Ostuni, una bibliografía y un centenar de notas que explican términos y amplían datos acerca de los tangos mencionados en el texto.

El e-mail de la autora es: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

LIBRO

Aquí un par de capítulos, gentileza de la Doctora Sonia Abadi

  Capítulo 6

Poetas de la baldosa y el parquet

Agazapado, maniatado, domesticado durante largas horas detrás del volante, el escritorio o el mostrador, él llega a la milonga a descomprimirse, explayarse, expresarse.   

Es su oportunidad de ser único, de romper con las reglas del rebaño.   

Corriendo todo el día detrás de los hijos, los hombres, el carrito del supermercado, el mango, y la tan pregonada emancipación, ella encuentra en el baile el tiempo de soñar, de entregarse, de ponerse en manos del otro y no tener que hacerse cargo por un rato de tomar sus propias decisiones. Acunada, amparada y guiada renuncia impunemente al mandato de ser independiente. Pero a la vez adquiere nuevos derechos: sentarse sola, mirar sin rodeos al hombre con quien quiere bailar, abrazarse a un desconocido, y a otro, y a otro…    

Allí en la milonga hombre y mujer escribirán su novela que expresa la medida de su prisión cotidiana y la inmensidad de su sueño de libertad.  

Por horas o minutos él podrá ser artista: dibujar el parquet con invisible fileteado, hacer vibrar los cuerpos como instrumentos musicales, o declamar ese verso que le llevó años perfeccionar hasta hacerlo tan sintético que encajara justo en los escasos segundos que hay entre tango y tango. Aunque nunca falta el incontinente que relata su soneto ¿o sanata durante toda la tanda.

Pero el texto principal, el arte efímero escrito en la pizarra de la pista, es el baile mismo.

"Los pasos de tango son como las letras del abecedario con las que cada bailarín escribe su propio poema", se cansan de repetir los maestros a los que quieren aprender secuencias de memoria, copiar pasos, imitar estilos.    

Hay bailarines parcos, de texto breve y conciso, despojado y austero. Sólo el sentimiento, la calidad del abrazo y el modo de llevar el compás los rescatan de la monotonía. Algunos que deslumbran con la destreza de su fraseo. Otros son tan floridos que empalagan. Ni hablar de los inexpertos que bailan un monólogo de memoria, no saben marcar y cuando ella no los puede seguir le dicen con expresión sabihonda: "Este paso no te lo sabías, ¿no?"  

La poesía de las mujeres merece un capítulo aparte. Se supone que se dejan llevar. Aunque algunas se resisten, no se sabe si por recato o en un arranque de inoportuno feminismo. Otras van a remolque con una pasividad que más que entrega parece resignación.   

Están también las que sin perder el diálogo imprimen al baile su propia energía, estrenando un adorno cada tanto, jugando sutilmente con las distancias y los gestos. Entregan al piso cómplice las caricias que no se atreven a brindarle al hombre. A él le toca descifrar el mensaje. Y este milagro de creatividad se repite y se multiplica en cada pareja, con cada tango en una literatura de textos inéditos e irrepetibles.   

El porteño es experto en improvisar, cómo llegar a fin de mes, cómo cruzar una calle sin semáforo, cómo encarar los mil y un problemas cotidianos en que lo único seguro es la incertidumbre. "Yo me mando, ya se me va a ocurrir cómo resolverlo", parece ser su lema tanto en la vida como en el tango.    

Así, el antiguo arte del payador, el renovado arte del milonguero, y el arte de vivir cada día en la Argentina tienen algo en común: el sublime talento de la improvisación

Capitulo 25

En contra de las agujas del reloj


Negando el paso del tiempo o quizá buscando su inspiración en el pasado, así se baila el tango.    

En estos días de soledades físicas en que amistad, sexo y afecto encuentran soluciones de Internet , el tango ofrece la oportunidad de un encuentro vivo, cuerpo a cuerpo, a la vez que un espacio para vivir experiencias de diversa calidad emocional, erótica y artística.     

Así baila Buenos Aires. Con el pasado en presente y el presente continuo, al son de viejas orquestas y letras que cuentan historias de otros tiempos. Pero baila hoy, en el umbral del milenio. Perdidos en la gran ciudad y el mundo globalizado, en la milonga se encuentran todos. Los que ya no están, los que bailan, los que van viniendo o vendrán, los que vuelven.     

Jóvenes que descubren el tango que bailaron sus abuelos, aportando su energía, creatividad e irreverencia.    

Adultos que redescubren el tango de sus viejos y del que renegaron durante años.   

Viejos milongueros que nunca dejaron de bailar y miran sorprendidos este nuevo berretín por el tango caminando la pista con una mezcla de orgullosa modestia y displicente destreza.    

Extranjeros que vienen y vuelven enamorados de ese abrazo intenso y de esa proximidad emocional inhallable en sus propias tierras.   

Todos ellos circulan entre clases y milongas que tampoco son ya de un solo modo.    

El tango de hoy se baila informalmente en algunas plazas de Buenos Aires, con un modesto equipo de música a ras del piso, a la vista de los curiosos y atónitos paseantes. Estilo compinche, sin cabeceo ni remilgos, tanto el hombre como la mujer pueden invitar a bailar. Se baila en jeans y zapatillas, borcegos y remera. Vas si sos del barrio y si no también.    

Se baila en las clases y prácticas que evolucionan naturalmente hasta transformarse en milongas. Los grupos de amigos o compañeros de clase se sientan juntos, charlan, prueban nuevos pasos. Allí no hay riesgo de planchar ni de rebotar. Piadosamente, ellos bailan a todas las chicas, ellas bailan hasta con el más tronco.    

Se sigue bailando en las milongas más tradicionales, con tanda y cabeceo, y mesas separadas para hombres y mujeres. Hay más empilche, ellos de traje o camisa negra, todavía se encuentran los engominados y hasta algún saco cruzado a rayas finitas. Ellas más producidas, con medias de red, transparencias o ropa que brilla. También de mini y con el ombligo al aire.     

El tango, "violador de fronteras" como lo llamó Cadicamo, ya ha atravesado las barreras sociales, espaciales y generacionales, mezcla los estilos, sale de los salones a las calles. Ahora además, en un torrente imparable, cruza la frontera del milenio, llevado por los bailarines que avanzan hacia el futuro, girando siempre en el sentido contrario a las agujas del reloj.


Sonia Abadi, El bazar de los abrazos, -  Bs.As., Lumiére, 2001      

Esta nota es de la pagina - terapiatanguera                  
 

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