Entrevistas

Entrevista a Rodolfo Mederos

"El tango triunfó, los vencidos somos nosotros"

El músico, que alterna conciertos en trío y con orquesta típica, habla de la encrucijada que viven los exponentes del género.

Por Sebastián Feijoo (Diario Tiempo versión digital)

 

 

Rodolfo Mederos es uno solo. Pero repasando su historia parece muchos. El que abrazó el tango tradicional y el que consideró que había que ampliar sus posibilidades; el que admiró a Piazzolla y el que se desencantó de su influencia; el que abandonó la orquesta de Osvaldo Pugliese porque sintió que ese camino estaba agotado y el que lo reivindica contra viento y marea; el que se animó a articular tango, jazz y rock en Generación Cero y el que renegó de esa experiencia; el que participó como docente de la formación de muchos de los músicos que hoy alimentan la creciente escena de tango y el que no puede señalar ninguna propuesta valiosa proveniente de colegas de las nuevas generaciones.
Tanto cambio no debe ser condenado ligeramente a una caracterización negativa. Habla de un hombre y un músico inquieto, valiente y comprometido con sus propias pulsiones. Mederos nunca se acomodó a una moda. Con mayor o menor fortuna encomendó su talento como bandoneonista y compositor a las estéticas más diversas, pero siempre según sus propias ideas. Su obra y forma de tocar influyeron en muchos colegas y sus tareas como docente formaron todavía a más músicos en una época donde el tango ya no podía aprenderse de primera mano. Lo que a veces genera cierto descontento en muchos exponentes del género es el tono taxativo de ciertas declaraciones. Frases como "El tango está muerto" y/o "el tango como obra está terminado, hay que pensar en el después" parecen invalidar/desconocer mucha música y esfuerzos contemporáneos.
Esa postura drástica y por momentos lúgubre no resuena impostada. Es el fruto de permanentes diálogos y resoluciones internas. Pero esa suerte de pesimismo hermético nunca lo detuvo. Mederos –que el miércoles cumplió 75 años– siempre tiene algo exquisito para tocar e ideas para nuevas aventuras que más temprano que tarde concretará. Aunque con sus obras pueda ser casi tan implacable como con alguno de sus colegas. Por estas y otras cosas, un diálogo con Rodolfo Mederos siempre es una experiencia valiosa, apasionante y enriquecedora.

–¿Cómo surgió este ciclo de viernes con el trío y sábados con la orquesta en el Torcuato Tasso?
–A partir de una convocatoria de la gente del lugar. Nos sentimos muy cómodos en ese espacio y solemos hacer series de shows entre tres y cuatro veces por año. Pero esta es la primera vez que alternamos al trío y la típica y tomamos los viernes y sábados. Es parte de los festejos por los 20 años del Centro Cultural. Disfruto mucho con las dos formaciones que obviamente son muy diferentes. No se trata de lo visual ni del repertorio. La diferencia medular es lo que se produce adentro de cada formación y confiamos en que eso también llegue al oyente. El trío genera una suerte de comunión muy profunda. Es como un perfume que te envuelve sin que te des cuenta. La orquesta, en principio, puede ser más avasallante. Es como un vaso que se derrama y salpica.
 

–¿Hoy una típica es también un acto de resistencia cultural?
–La típica en sí misma es una herramienta. Que sea un símbolo de resistencia tiene que ver no con la orquesta sino con quien la pone en marcha. Depende de la ideología de quien la hace andar. En este caso mis compañeros y yo. Hoy una orquesta se tiene por muchas cosas: para estar a la moda, por no saber qué hacer porque pareciera que eso va a gustar, por nostalgia... A mí me pasan varias cosas. Desde lo ideológico es un gesto de resistencia, pero también lo hago desde una perspectiva pedagógica. Porque hay mucha gente que nunca vio una orquesta típica en vivo. Si bien ahora han florecido varias no tienen… como te diría… el sabor que tuvieron aquellas orquestas hasta los años 50.


–¿Eso es algo negativo en sí mismo? ¿No sería hasta natural y esperable que busquen y encuentren algunas formas de expresión nuevas?
–Antes que nada es algo inevitable. Como la vejez y la muerte. Todo lo que camina por este planeta envejece y muere. Si no tendríamos que preguntarnos por qué no tocamos como en el Barroco. Lo podríamos hacer, sería algo maravilloso, pero al mismo tiempo sólo tendría el valor de un ejercicio. Esa música ya no nos podría representar no sólo porque proviene de otras latitudes: básicamente porque es un lenguaje muerto. Hoy el tango dejó de representarnos. Lo representativo de las clases humildes en estos tiempos es la bailanta. Para escuchar tango hay que ir al Tasso o al Colón. Cuando el tango estaba vivo circulaba por todos los patios de todas las casas de la ciudad y en todos los clubes de todos los barrios tenían una o dos orquestas típicas. Comparemos eso con esto y las conclusiones son inequívocas.


–¿Comparar todo con los 40 no puede ser una trampa? Evidentemente la diferencia en contra con los 40 es muy grande pero frente a los '70 y '80 parece haber mucho más entusiasmo y propuestas.
–A mí me encanta escuchar Beethoven y ver las obras de Rembrandt. Pero no me representan. Son de otra época. El tango creo que está en esa categoría. Es una obra de arte de las más singulares que el hombre pudo crear en el Río de la Plata y en el mundo. Pero no suena en la tele, en las radios ni en los autos. A lo sumo en una radio especializada y bastante melancólica. El tango fue acuñado por una inmigración centro europea. Hoy la música popular es hija de la inmigración latinoamericana. Valoro la representatividad de esa música, pero a mí su estética no me interesa. Entonces los músicos de tango vivimos una gran encrucijada, no sólo los de mi generación.

¿Qué hacemos que no sea meramente evocativo ni que apele a anglicismos espurios? ¿Cómo se puede volver a representar la sensibilidad popular?
–Ese despegue del tango de las preferencias populares es innegable y seguramente tiene múltiples causantes. Una de ellas sería que la industria del espectáculo que una vez lo apoyó después decidió dejarlo de lado.
–Yo creo que no había tal industria. No estaba inventado eso. La música no era un gran comercio.
–Había discográficas multinacionales, la industria cinematográfica potenciaba a las figuras de tango…
–Es verdad… Pero me refiero a la industria como se conformó después. Mucho más global y salvaje. La encrucijada tiene que ver con que estamos parados frente a una obra de arte llamada tango que está completa, terminada. No le podemos agregar nada y no sabemos qué hacer. Esto que hablo con vos lo hablo con mis colegas y alumnos, y con cuanta persona tenga deseos de hablar. Aprendo mucho de todos y más de una vez aparecen conceptos que no había evaluado y se va modelando una manera de manifestar eso que hacemos. Definitivamente habría que empezar otra cosa.
 

–¿Entonces para Ud. el tango se extinguió?
–El tango ha triunfado. Los vencidos somos nosotros. Ya no sale del pueblo ni es la expresión del pueblo. Admito que puedo tener errores y prejuicios. Pero es lo que percibo. La vida no es tan larga. Uno tiene que tomar ciertas determinaciones.
 

–Ud. siempre fue muy inquieto. Ahora está con el trío y la típica. ¿Prepara algo más?
–Justamente estoy en un momento en el que quiero armar otra formación. Una formación que no tiene nada que ver con la típica ni con el trío. ¿Volveré a Generación Cero? No, no se puede volver a eso. Pero quiero una formación que funcione menos como un corset. Quizás con tímbricas menos tradicionales. Veremos. Quizás también jugar con otras informaciones o ritmos. A lo mejor quiero tocar una chacarera, con perdón de los santiagueños. Por supuesto que esto tampoco será ninguna solución. Pero es lo que me da ganas de hacer en estos momentos. Falta que le ponga mucha cabeza y trabajo. Tampoco me gusta hacer por hacer.  «

"Después del '40 nada se resiste"

–¿Le gusta algún compositor de tango posterior a su generación?
–¿Hay?
–¿Qué le parece Ramiro Gallo?
–Es un buen violinista.
–Eso significa que como compositor no le gusta.
–No.
– ¿Y Astillero?
–¿Dónde hacen barcos? No, no. Yo respeto a todo el mundo que hace cosas. Tiene su derecho a hacerlas. Yo hago las mías y me equivocaré también. Pero no disfruto de esas estéticas. Después de escuchar las melodías de la época dorada uno compara y los resultados no son felices.
–¿Diego Schissi tampoco?
–Es un pianista, ¿no? Es muy difícil. Después del '40 nada se resiste. Yo mismo no me gusto.
–¿Puede identificar tres discos suyos de los que esté orgulloso?
–No completos. Sí que, quizás, la mayoría de los temas me gustan o los encuentro interesantes. Nombraría 0 De todas maneras (1977), de Generación Cero; Tangos (2000), el disco con Colacho Brizuela; e Intimidad (2007), el álbum con el trío.

 

27 de Marzo de 2015
Nota de:  http://tiempo.infonews.com/nota/148624/el-tango-triunfo-los-vencidos-somos-nosotro

 

 

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